Hace unos días decía que el tema del poder (y sus incidencias en la vida de las personas, de todos nosotros) era para tratarlo con mayor profundidad. Empecemos.
En todas las relaciones sobrevuela el poder: en el trabajo, en la familia, en los grupos de amigos, en los equipos, en las organizaciones sociales, en los medios de comunicación.
Siempre hay algunos que lo ejercen. Y muchos (la gran mayoría) que generalmente lo padecen.
Con esto no debe creerse que el poder es “malvado” por naturaleza. El poder existe. La cuestión está en su origen, en la manera en que se obtiene. Y que luego se usa.
Muchos autores han elaborado teorizaciones sobre el concepto. Para la oportunidad, voy a tomar a uno de ellos, arbitrariamente: se trata de Alvin Toffler (nada que ver con los chocolates), estudioso de la comunicación entre otras cosas.
El autor, en uno de sus libros escrito hace casi 20 años, hace referencia a la era del cambio de poder. E instala tres tipos de poder: el de la violencia, el de la riqueza y el del conocimiento.
Y hace valoraciones al respecto. Sobre el poder de la violencia, dice que es el de menor calidad, ya que con ésta sólo es posible el castigo. El uso de la fuerza no implica en el otro satisfacción alguna.
Dice que el poder de la riqueza es de mediana calidad: se puede utilizar para contratar la fuerza (y así castigar) o bien para retribuir al otro por sus acciones, por sus servicios (y para tantas otras cosas…).
Pero Toffler encuentra en ambos un gran inconveniente: son finitos. Ambos en algún momento se “terminan”. El dinero se acaba, y en ocasiones no puede comprar algunas cosas (todavía quedan); la violencia no pude utilizarse hasta las últimas consecuencias (si los países más poderosos utilizaran todas sus armas, el mundo sería destruido por completo, perdiéndose así su utilidad).
Con respecto al conocimiento, el autor explica que es el poder de mayor calidad. Esto porque nunca se acaba, porque no tiene fin: porque siempre puede avanzar, desarrollarse más.
Y porque es el más democrático de todos los tipos de poder. En teoría, todos podemos acceder a él (en teoría, ya que en la práctica sabemos que es bastante más complicado).
Por mi tarea docente, no pienso en otra que apostar a este último. A generar conciencia respecto a la construcción de conocimientos, de ciudadanos críticos y reflexivos. Pensantes. Sabedores de sus derechos.
Y que los hagan cumplir, que luchen por ellos sin dejarse avasallar. Que sean dignos. Consecuentes entre su decir y su hacer.
Esa sería la idea: estudiar, capacitarnos, leer, participar activamente en la vida social de las comunidades en que vivimos. Poner en práctica nuestro poder, que a la vez es una especie de obligación ciudadana.
Con sus defectos y virtudes, en el fondo la educación es el camino que tenemos para estar mejor.
Para ser.
Cristian Morán.
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