No es fácil para alguien acostumbrado a andar todo el día no poder hacerlo. Eso me pasa ahora, enfermo y en casa. Con la cabeza y el pecho como las dos partes de mi humanidad que el cerebro registra (y no precisamente por señales benévolas).
En la computadora, tratando de ver lo que pasa en el mundo. Leyendo diarios. Los blogs y páginas amigos (como el del gran Grillo, o la de la radio). Planificando con mucha anticipación para cuando vuelva a la escuela.
Los cuadros bronquiales severos te permiten estar en pie, pero no salir. El aire, tan preciado, uno de los valores fundamentales en ciudades como las nuestras (pequeñas) parece convertirse en enemigo.
Aprovecho la oportunidad para agradecer los mensajes de felicitaciones, apoyo, satisfacción por el producto y buenos deseos futuros recibidos en estos escasos tres o cuatro días desde que salió la revista. Estuve adentro pero el teléfono sonó mucho, y llegaron mensajes a este blog o a los lugares mencionados con anterioridad.
Y eso es muy lindo, nos pone bien.
También nos produce esa sensación el que nos llamen de los quioscos para pedirnos más revistas porque se vendieron las que ya llevamos. Y que algunos se suscriban por mail y nos soliciten que se la enviemos por correo. Y que los que la leyeron nos digan que está buena, que les gusta.
La tarde es gris por Tres Lomas. No parece hacer tanto frío, pero por mi barrio (por la ventana) no veo pasar mucha gente. Es el paisaje típico de muchos de estos días.
Según leo en algunos lugares, muchas cosas que pasan en el pueblo también son de tonalidades grises. Otras no tanto. Como siempre, a algunos les va bien, a otros no…
Charlando con alguien el otro día, me decía (en broma, porque sé que no piensa así, que cree todo lo contrario) que el mundo era para los más fuertes. Darwinismo social. Y discutíamos sólo por amor a la discusión, sabiendo que ambos estamos en contra de ello.
Todo un tema el del poder, que hace fuertes a los que lo tienen, y muy débiles a los que no. Para tratarlo más en profundidad.
Por lo pronto, me toca el “puf” (así le dicen a los aparatitos que sirven para descongestionar y “abrir el pecho”). Los dejo.
Vieron que no mentía?
Sólo fue un poco de filosofía barata…
Cristian Morán.

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